Arveja negra.

Estándar

Tengo un problema:

arranqué los ojos de mi muñeca

y ya no ve. Desde el noveno piso

lancé con ímpetu al patio interno

de mi vecina un ojito, el izquierdo.

En una alcantarilla, único

ojo abierto que permite

entrar a la imagen hecha cuerpo;

es de saliva poderosa

seduce agresiva cualquier intento

de entrega externa, la convierte

en interna destrucción. Allí

abandoné el otro ojo que rodó

como una arveja negra.

Mi muñeca, muñón del alma mía

no está ciega, es simple

no tiene en la cara ojos

y su cabeza recuerda

pequeño el patio que se agiganta

a gran velocidad, un agujero.

Yo le muestro

determinada cantidad de dedos ¿cuántos

hay? le saco la lengua, me burlo

lloro en silencio y no lo nota, la amenazo

y nunca tiembla: ojos que no ven

corazón que no siente. Necesito

dos ojos, o un corazón

autosuficiente. Mi lágrima no sabe

parir otros, mi problema es

operar en el hueco

de la mirada. No,

caer en él.

                                                Verónica Viola Fischer.

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  1. Pobre muñeca, a mí no me gusta cuando se le salen los ojos, pierde todo el encanto, queda como la tal Veronica lo describe, y si le ponés otro no es lo mismo…..

    besososo juguetones
    andrea.-

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