Lee por mí.

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Ella repartía ante un público expectante, poemas: poemas huecos, profundos de sonidos brillantes.

Le decía a cada espectador: por favor, lee por mí, que tengo la garganta terrible, que me duelen las vocales, las palabras y me atraviesan consonantes.

Lee por mí (lo decía con voz clara, secreta).

Lee al vagabundo de la esquina, al caballero oxidado, a la viejita plateada, a la adolescente feroz, al niño caperucita, a la señora engominada, al joven imaginador.

Lee por mí, que yo no puedo con esta impertinencia.

                                                                            Nélida, del blog “Mi mundo de letras”.

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